
Hasta que llegó el día en que Martha Hildebrandt dejó de usar la curul como el suave lecho en que soñaba con Morfeo y por fin presentó su primer proyecto de ley en más de quince años de congresista. Lo malo y al igual que siempre, el desde ya controvertido proyecto, busca cargar sobre los hombros de los que más aportan, la educación superior de quienes, buenos o malos universitarios, son subsidiados por los impuestos que pagamos todos.
Según el artículo 17º de nuestra Constitución Política, "en las universidades públicas el Estado garantiza el derecho a educarse gratuitamente a los alumnos que mantengan un rendimiento satisfactorio y no cuenten con los recursos económicos necesarios para cubrir los costos de educación".
El controvertido proyecto de la ¿ex – geisha? Propone que los alumnos egresados de colegios particulares paguen como pensión universitaria el equivalente al 50% de la pensión que pagan en sus centros educativos.
Ocurre que en nuestras universidades públicas todos los alumnos, ejercen el "derecho" a educarse gratuitamente, así no tengan rendimiento satisfactorio o así aprueben cuatro créditos por semestre de los 18 ó 20 que habitualmente se llevan por ciclo académico.
De esta grave situación, el controvertido proyecto no menciona nada; mejor dicho, si se llegara aprobar esta propuesta; los egresados de colegios particulares deberán subsidiar los estudios de los "pobrecitos" que no pueden pagar, sin que importe si su rendimiento es bueno o malo.
¿Hasta cuándo en este país deberá premiarse a los ineficientes y a quienes pasan por las aulas universitarias sin la responsabilidad ni el encomio que poseen aquellos pocos que desean para sí el progreso o la movilidad social que les da una profesión?
Si mi hijo estudió en un colegio particular, así alcance altos niveles de rendimiento en alguna universidad pública, deberá pagar. Su esfuerzo no tiene ni tendrá ningún mérito. En cambio, el "pobrecito" que estudio en colegio público, ira a la universidad de manera gratuita, así su rendimiento sea muy bajo y haga la carrera en 10 años como miles de veces ha ocurrido y sigue ocurriendo en las universidades públicas.
Acaso no sería mejor que, en congruencia con lo señalado en la constitución, el pago o la gratuidad de los estudios en una universidad pública sea el que resulte de la relación directa entre una escala de rendimiento académico y el nivel de ingresos del universitario o de quienes ejercen su manutención. Es decir a mejor rendimiento académico, menor será el costo a pagar.
Esta quizá sea una buena forma de estimular la cultura de la competencia, la eficiencia y la responsabilidad entre nuestros estudiantes. Lo contrario es pretender que el esfuerzo económico de pocos, financie la ineficiencia y la dejadez de varios miles que miran al estado con ojos de parásito; aunque a muchos "especialistas" les parece normal que en el Perú continue ese estado de cosas.
Sin embargo, esto es apenas una parte del problema. El proyecto de la Sra. Hildebrandt ni siquiera rosa un análisis del costo que tiene para la universidad pública cada uno de sus alumnos. Todos sabemos que no es lo mismo estudiar Medicina o Industrias Alimentarias que Derecho o Contabilidad y no nos referimos al esfuerzo intelectual que suponga estudiar estas carreras, sino más bien al costo que supone para la universidad el desarrollo de laboratorios por ejemplo para medicina o biotecnología.
Entonces, si el costo de cada universitario es distinto según la carrera que sigue y según la infraestructura que requiere para seguir sus estudios, ¿por qué, arbitrariamente, se debe fijar su pago a la universidad en función de lo un alumno pagaba por su educación secundaría? La Sra Hildebrandt olvida que los alumnos tienen un costo para la universidad, al margen de lo que pagaban en su colegio particular.
Nos parece que esta propuesta no resuelve la carencia de recursos que padece la universidad pública y más aún, no sólo es arbitraria sino también injusta pues el Estado no mide a los ciudadanos con el mismo vara y más bien los discrimina imponiéndoles subsidie obligatoriamente a otros, sólo por el hecho de haber tenido mensualmente 200 ó 300 soles excedentes que fueron destinados a la educación de algún hijo.
El director del Diario PERÚ21, argumenta a favor de este proyecto diciendo que "es injusto que todos se beneficien de la enseñanza gratuita en las universidades, cuando una parte de los alumnos si puede pagar la educación".
El Sr. Álvarez Rodrich debería saber que es más injusto hacer pagar pensión a quien puede tener elevado rendimiento académico en beneficio de quienes, teniendo algunas carencias materiales, no las compensan esforzándose por llegar a niveles de rendimiento que los hagan beneficiarios de un subsidio.
El director de PERÚ21 agrega que "hay un grupo de jóvenes de buena condición económica que acaba siendo subsidiado, del mismo modo que quienes carecen de recursos básicos pero sí cuentan con el talento suficiente para emprender una carrera universitaria".
Nos parece un concepto trasnochado eso de que alguien, por haber pagado una modesta pensión en su colegio particular, no puede ser subsidiado y más bien los "vivos", que fácilmente se hacen los pobrecitos, deben ser subsidiados de todas maneras.
El subsidio debe ser para los universitarios eficientes y esforzados y no para los que pululan en las universidades públicas que, exhibiendo carencias verdaderas y falsificadas, hacen muy poco o nada por mejorar. Esto sería una buena forma de lograr que los subsidios sean bien orientados o focalizados hacia quienes tienen buen rendimiento académico.
Pero como parece que la Sra. Hildebrandt quiere convertir a las universidades públicas en una versión académica del "vaso de leche" y la ANR en una nueva versión del PRONAA, los que somos de clase media (alta, baja o intermedia) debemos ponernos en guardia, no vaya a ser que una vez más, los legisladores vayan aprobar una nueva esquilma contra aquellos ciudadanos de clase media que no tienen las ventajas de los ricos ni son beneficiarios de "vasos de leche", programas "Juntos" o bancos de materiales.
¿Solución? Seamos más "vivos que los que se quieren pasar de "vivos". Cuando su hijo llegue a cuarto o quinto año de secundaria, cámbielo del colegio privado a uno público. Se ahorrará 200 ó 300 mensuales y tendrá gratis la carrera universitaria, tenga su hijo, bueno o paupérrimo rendimiento.
Por: Gerardo Cabrejo
Autor: mad max
Fecha: 01/02/2007 11:04.
Autor: tere
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Autor: Perro del hortelano
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