
La noche que Alan García fue elegido presidente, dijo en su discurso que "no estaba dispuesto a cargar ninguna cruz". Se refería a los ignominiosos calificativos, acusaciones y denuestos que recibiera por su primera gestión.
Se dice que en privado suele referirse a los muchos funcionarios públicos que durante su primer gobierno actuaron deshonestamente y que sin embargo, a diferencia de la injusta persecución que él sufriera, éstos no fueron tocados ni con el pétalo de una rosa. Quizá quiera decir, que la rapiña que éstos hicieron fue resumida y personificada en su figura, afrenta de la que hoy, él mismo y con absoluto derecho, trata de resarcirse.
En verdad, miles de veces ocurre que los negociados, las coimas y demás beneficios indebidos son fabricados y recibidos por esos entornos que para mantener su parasitaria existencia y salir indemnes, cubren sus latrocinios con un manto de adulación que viene a ser uno de los medios para que el adulado no repare en las fechorías de sus aduladores.
La adulación es el acto de exaltar a una persona o decir lo que le place con fines de interés personal. Su característica es la falta de sinceridad y la búsqueda de un beneficio que quizá el adulado facilita sanamente. A nadie escapa que el uso de la adulación es un recurso que vemos cotidianamente donde existe alguien que tome decisiones; sea en la presidencia de un país, una región, una municipalidad o la más modesta de las reparticiones públicas.
Su eficacia depende de las características del adulado y de la habilidad y tacto del adulador. Maquiavelo decía que el rodearse de aduladores puede resultar muy satisfactorio para el ego del adulado, pero representa un gran riesgo político, pues distorsionan la percepción que el gobernante pueda tener de la realidad en lugar de afinársela. Por ello Maquiavelo aconsejaba al príncipe cuidarse de los aduladores y contar entre sus consejeros con personas que no dudaran en decir la verdad tal y como ellos la veían.
Este consejo del inmortal filósofo florentino es lo que siempre debería tener en cuenta toda autoridad, especialmente las elegidas por el voto popular y más aún si alguna vez han ejercido el poder y ven con estupor que los resultados obtenidos no tienen esa aprobación ciudadana que los aduladores, ladina e interesadamente, le decían tener.
Si usted, investido de autoridad se ahorra un adulador, para más adelante se ahorrará cargar una cruz que puede ser más pesada que el peso de todos sus compadres juntos.
Por: Gerardo Cabrejo
Autor: anonimo
Fecha: 05/12/2006 17:39.
Autor: Perro del hortelano
Fecha: 06/12/2006 12:24.
Autor: REX
Fecha: 06/12/2006 21:36.
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Fecha: 06/12/2006 23:16.
Autor: anonimo
Fecha: 07/12/2006 22:31.
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