
No se trata de darle más cuerda al caso del periodista César Hildebrandt. Ocurre que nos hemos acostumbrado a un periodismo muchas veces declarativo a base de conferencias de prensa en las que, o bien no hay preguntas, o si las hay, los asistentes inquieren sobre los mismo de siempre, en un cansino ritual que rara vez aporta verdadera luz. Quizá también nos hemos acostumbrado a tomar como verdad absoluta lo que te dicen afamados periodistas como César Hildebrandt, Rosa María Palacios, Cecilia Valenzuela o lo que publican los grandes diarios.
Resulta que hasta hace muy poco debíamos conformarnos con leer, escuchar o ver lo que los directores de periódico, la TV o la radio, los articulistas o líderes de opinión que como Hildebrandt, están por encima de nosotros y tiene licencia para señalarnos loque debe ser noticia. Nos dicen algo así como ...esto es verdad y como lo digo yo que soy periodista y además, reconocido periodista, debes creerlo pues lo que yo digo siempre es verdad, aquí y en la China...
El problema es si ellos, los afamados periodistas; realmente hablan con la verdad, en beneficio de la sociedad y siempre que sea necesario.
Hace algún tiempo leyendo algunos textos del inmortal Sócrates encontramos un breve diálogo que sostuvo con alguno de sus discípulos. Este diálogo motivó que escribiéramos un artículo referido al ejercicio del periodismo, el que publicáramos en el Diario CORREO de Piura el 30 de Setiembre de 2005.
A continuación, léalo y reflexione si el periodismo que tenemos actúa correctamente:
"Mientras Sócrates meditaba, un discípulo se acercó diciéndole: "maestro, quiero contarle algo, un amigo suyo habló de usted con malevolencia". El inmortal filósofo ateniense lo interrumpe preguntando: ¿Ya hiciste pasar por las tres barreras lo que me vas a contar? La primera de ellas es la verdad, ¿ya examinaste si lo que quieres decirme es verdadero en todos sus puntos?
El sorprendido discípulo contestó: "No, lo he oído decir a unos vecinos". Sócrates replicó: "al menos habrás hecho pasar por la barrera de la bondad; lo que me quieres contar ¿Es bueno por lo menos? El discípulo dijo "No, en realidad es todo lo contrario".
Ahhh... interrumpió Sócrates "Entonces, vamos a la tercera barrera: ¿Es necesario que me cuentes eso? "Para ser sincero no, necesario no es", dijo el intrigante. Entonces Sócrates le respondió: "Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario... no merece ser conocido por nadie, sepultémoslo en el olvido".
Ni miles de guerras, ni cientos de imperios, ni ideologías ni religiones, ni la deslumbrante tecnología que hoy lleva bienestar a la humanidad, han evitado que 2,475 años después, conceptos tan simples pero certeros tengan tanta vigencia, en especial para quienes ejercemos como oficio o profesión, el periodismo.
Antes de dar una noticia, acaso nos preguntamos ¿Está la verdad en cada palabra que decimos? Antes de escribir un párrafo, narrar un acontecimiento o editar una imagen reflexionamos si ¿el trabajo que realizamos es beneficioso para quienes nos leen, escuchan o ven? Aún si se tratará aparentemente del hecho más inocuo. ¿Es acaso necesario poner un habría o un sería cuando para dar una noticia no tenemos realmente la verdad? ¿Es necesario invadir la intimidad de una persona para exhibir de ella una supuesta inmoralidad, so pretexto del interés público? Aunque más tarde no hayamos podido demostrar nuestra acusación y aún así, no tengamos el valor de reconocer nuestra malevolencia o ineptitud.
Hay algunos que ejercen el periodismo como profesión con título universitario, aire docto, peroran bonitas conferencias y se sienten héroes de fantasiosas batallas contra el mal, pero no vacilan en tener clandestinos o públicos arrumacos con quien, a cualquier precio, pueda darles una mísera cuota de poder.Algunos otros también lo ejercen como ese oficio que, angustiosamente, se recoge de la calle porque agobia el desempleo y sabiendo que Dios es grande, podrán llevar un pan a casa. No importando a veces la ausencia de verdad, la malevolencia o quién paga el precio de su propia noticia.
Es evidente que en ambos casos hay muchos que, aún con sus carencias intelectuales, su pobreza material e incluso su comprensible debilidad por el placer, no entregan al público una verdad sin estar seguros de ella. Al menos aplican una de esas tres barreras que Sócrates exigía a sus discípulos.
Es cierto que estamos muy lejos de aprender a usar esas tres barreras. Vale la pena que lo intentemos porque conceptos universales como el de Sócrates, no son usables de un modo para los "profesionales" y de otro para los que "se hacen en la calle". Son imprescindibles en el ejercicio del periodismo, sea éste una profesión o un modesto oficio.
Es así porque a diferencia de otras ocupaciones, los periodistas tenemos un gran deber: hablar con la verdad, en beneficio de la sociedad y siempre que sea necesario".
Visto el caso Hildebrandt y el de otros periodistas, refelxione y saque usted sus propias conclusiones.
Por: Gerardo Cabrejo
Autor: Carlos Alejandro
Fecha: 27/10/2006 03:06.
Autor: Perro del hortelano
Fecha: 27/10/2006 04:00.
Autor: el hortelano
Fecha: 27/10/2006 06:11.
Autor: Anónimo
Fecha: 27/10/2006 07:21.
Autor: Diario Correo
Fecha: 27/10/2006 09:16.
Autor: Lupe
Fecha: 27/10/2006 13:23.
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Fecha: 27/10/2006 14:50.
Autor: Sócrates bamba
Fecha: 28/10/2006 02:55.
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Fecha: 28/10/2006 07:07.
Autor: gerardo
Fecha: 28/10/2006 11:02.
Autor: Perro del Hortelano
Fecha: 30/10/2006 01:44.
Autor: Correo
Fecha: 30/10/2006 02:10.
Autor: el hortelano
Fecha: 30/10/2006 04:20.
Autor: el hortelano
Fecha: 30/10/2006 04:31.
Autor: Perro del hortelano
Fecha: 30/10/2006 06:30.
Autor: el hortelano
Fecha: 30/10/2006 08:07.
Autor: Juan O
Fecha: 10/11/2006 20:59.
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