
Todo gobierno que se precie de democrático, requiere de una oposición que lo fiscalice y propicie el equilibrio político indispensable para poner freno a aquellos excesos que suelen tentar a quienes ejercen el poder. Pero la afirmación de Ollanta Humala cuando dice que no dará tregua al próximo gobierno y que la realidad política determinará si su lucha es en el Congreso o en las calles, anuncia lo que desde ahora podemos sindicar como "oposición de barricada" que buscará competir con la oposición democrática buscando la "antaurización" de la política.
Locumba, el andahuaylazo, la fallida denuncia de fraude ante su previsible derrota y el negarse al tradicional saludo personal que el derrotado formula al victorioso, no son mera anécdota en las pretensiones políticas de los Humala; muestran más bien que su camino a seguir será el del chantaje político y la exacerbación del odio en los excluidos para usarlos como el combustible de asonadas violentistas que, si prenden y se hacen en cadena, nos conducirá inevitablemente a una suerte de golpismo popular de izquierda.
Ya anunció la formación del Frente Nacionalista Democrático Popular con un grupo de partidos de la izquierda legal, que junta, no logró ni el 1% de los votos en las ultimas elecciones; a este embrión busca incorporar a Patria Roja, UNIR o Puka Llacta que no tienen registro electoral pero actúan encubiertos en gremios como el Sutep o cobijados bajo el membrete de ambientalistas antimineros.
¿Material? Tiene de sobra y se encuentra en el norte y sur andino. Sin duda alguna sus puntas de lanza para sus afanes desestabilizadores son la presión de los agricultores que no quieren el TLC; el desmadre que querrán armar los cocaleros soliviantados por la prédica antinorteamericana, los conflictos por el agua entre Moquegua y Arequipa y la violenta protesta de los anti mineros de Ayabaca y Huancabamba (Piura)
Al modo del senderismo, será una especie de ataque del campo a la ciudad cuya motivación ha quedado latente luego de la derrota política y militar de Sendero Luminoso y que no fue desactivada ni por el gobierno de Alberto Fujimori ni por el del Alejandro Toledo.
Ollanta Humala busca romper los moldes democráticos y al parecer él ha elegido la tenaza para sabotearla, apretándola desde dentro con sus 26 congresistas "nacionalistas" y desde afuera con los cocaleros, antimineros y anti TLC.
Difícil, muy difícil se presenta el panorama inicial en el gobierno de Alan García; de allí que la búsqueda de consensos que ha anunciado y el llamado a otra fuerzas políticas puede ser la clave que lo saque indemne de las primeras tormentas que sufrirá.
En esta tarea, Lourdes Flores y Unidad Nacional pueden jugar un papel fundamental; dependerá de cómo ellos superen el trauma de la derrota y empiecen a tejer sus posibilidades para hacer una oposición constructiva que, defendiendo sus propuestas en favor de la gran empresa y la inversión internacional, coadyuven a desarrollar rápidas respuestas a las necesidades de los excluidos por el libre mercado y equivocadas políticas de estado.
Otra clave serán las conversaciones que el nuevo gobierno, e incluso la oposición, deban tener con el sector moderado de aquellos 46 parlamentarios que colocó Humala en el Congreso. Algunos ya se han negado a la pretensión de formar ese Frente Nacionalista Democrático Popular por que quizá intuyan que Ollanta permanecerá en el comando legal de la hueste humalista pero, siguiendo a Antauro como pensamiento guía. Ese es el peligro a evitar.
Por: Gerardo Cabrejo
Artículo publicado en el Diario CORREO de Piura el 14.06.06
Autor: Cavayo Loko
Fecha: 10/06/2006 23:32.
Autor: j.
Fecha: 12/06/2006 13:18.
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