
Un mes antes de las elecciones, Apoyo Opinión y Mercado, la más importante y seria encuestadora peruana, otorgaba a Lourdes Flores el 31% de la intención de voto válido, a Ollanta Humala un 30%, a mientras que Alan García sólo recibía el 22%.
Luego de las elecciones y aún cuando no termina el escrutinio lo evidente es que Humala obtendrá una votación cercana al 30%: sin embargo, sorprendentemente Lourdes Flores apenas alcanza una cifra próxima al 24% mientras que Alan García, en impresionante rush final, alcanzó a la candidata de Unidad Nacional y al parecer será quien acompañe a Humala a la segunda vuelta.
Muy al margen de si es García o Flores quien pasa a la segunda vuelta, creemos imprescindible preguntarnos por aquellas razones que llevaron a Lourdes Flores de la cúspide en la intención de voto - 38% cuatro meses antes del 09 de abril - a ese magro 23% que hoy exhibe y que de consumarse, la convertiría en cadáver político.
Es evidente que a lo largo de su campaña cometió muchos errores. Desde incluir a Arturo Woodman en su plancha presidencial, pasando por algunos impresentables candidatos al congreso, spots para TV abúlicos y poco efectivos hasta terminar en abierta campaña sucia contra el candidato que le pisaba los talones, evidenciando que si bien Fernando Olivera no integraba oficialmente sus huestes, le hacía el abrazo del oso cuando exhibía el infame spot de las escobas barriendo estrellas y por tanto, era imprescindible hacer un severo deslinde con tan negativo personaje.
Esto es anecdótico pues creemos que el fracaso de su tercer intento por llegar a la presidencia de la república - en el primero renunció antes de la elección y en el segundo Alan García la saco de la segunda vuelta – tiene raíces más profundas que el modesto esbozo de errores que señalamos líneas arriba.
El martes por la mañana, a través de RPP, algunas señoronas muy acongojadas expresaban su desazón, desdicha, decepción y pena porque a decir de ellas "una vez más el pueblo peruano se había equivocado pues otra vez perdíamos la oportunidad de tener una gran presidenta y al final sólo tendríamos al Presidente que nos merecemos"
Vaya fatuidad. Ciertamente lo que expresaron estas señoronas más allá de su lastimero lamento, fue una profunda vocación antidemocrática pues pretenden que todos los peruanos, más allá de las circunstancias de bienestar o miseria en que vivimos, necesariamente deberíamos pensar como ellas; lo que nos hace suponer que quienes creen en las ideas que promueve la derecha conservadora, siguen padeciendo aquella ceguera que no les permite distinguir las razones por las que; por ejemplo, más de tres millones de electores se han inclinado por favorecer con su voto a Ollanta Humala.
Nos preguntamos si estas señoronas vivieran el estado de miseria y pobreza desesperada que atraviesan casi siete millones de peruanos ¿pensarían de la misma manera? ¿No serían acaso uno más entre esos millones de ciudadanos que miran al abismo que propone Humala como la salida para que todos juntos terminemos en esa charca de la que hablara Basadre?
Ser derecha no necesariamente equivale a formar parte de la elite rica que tiene acceso a todo el bienestar que hoy nos brinda la humanidad. Ser de derecha también puede ser pensar como esas señoronas que no se dan cuenta que existen millones de personas que en función de sus circunstancias, tienen otra perspectiva de la vida, de la educación, de la política y de la modernidad y no teniendo la menor posibilidad de acceder a ellas, optan por ese camino que a las señoronas apena o decepciona.
En otras palabras, es esa línea de pensamiento que tienen quienes promovían la candidatura de Lourdes Flores la que colisiona con los sueños de millones de peruanos excluidos del estado y del sistema y es allí dónde encontramos alguna de las razones de su tercer fracaso; en cosonancia con su forma de pensar pretenden asumir una suerte de tutoría social para conducir a los desposeídos por el camino de lo que ellos creen políticamente correcto.
Claro, siempre que en su condición de tutores sociales se les deje ejercer el poder para que promuevan y favorezcan con sus políticas públicas las inversiones de la gran empresa pero se olvidan que el pobre come de su pequeña o mediana empresa; pacten tratados de libre comercio sin interesarles el destino de millones de pequeños agricultores, favorezcan el supuesto ahorro en las AFP´s sin que les importe si existen pensiones justas.
Esta quizá sea una de las razones por las que las candidaturas de la derecha conservadora no tiene éxito electoral en nuestro país. Por cierto existen otras muchas y que tienen que ver con la forma como la derecha pretende insertarse en el tejido social, en los asentamientos humanos y en el más recóndito villorio andino. Allí esta el APRA, especialmente en el norte. Aunque ello será materia de un próximo breve análisis.
Por: Gerardo Cabrejo
Publicado por el Diario CORREO de Piura el 17.04.06
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