
La democracia peruana es muy débil. Lo demostró Fujimori con los aplausos y vítores que recibió luego de su autogolpe. Es poco eficaz. Lo prueban la extrema pobreza y exclusión que sufren millones de peruanos y la acendrada corrupción en el manejo de la cosa pública.
Pero esta ineficacia y debilidad son más evidentes cuando algunos ciudadanos miran con simpatía el guiño que les hace una propuesta autoritaria que ofrece la pomada mágica para acabar con aquellas taras que, cual pelota de ping pong, nos hacen rebotar entre el subdesarrollo y la desesperanza.
Esa pomada se llama asamblea constituyente y tal como ocurrió en el Perú de Leguía y Fujimori, en la Venezuela de Chávez y en países de Europa del Este; esa asamblea constituyente producirá una constitución al gusto del nuevo autócrata que en base a ella, tratará de perpetuarse en el poder, para lo cual, buscará desacreditar a sus contendores políticos y controlar los medios de comunicación.
¿El costo? No importa. Primero: se presentan como candidatos antisistema y a veces ganan abrumadoramente; ya en el gobierno, usan el voto para cambiar las reglas de juego que los llevaron al poder adecuándolas a sus necesidades. So pretexto que trabajan en favor de lo más débiles y necesitados, demonizan a sus contendores políticos y los acusan de tradicionales, corruptos e incompetentes.
Para conseguir apoyo popular echan mano del tesoro público como lo hizo Fujimori con Foncodes, Fonavi, Infes. Si no pueden, corrompen o usan balas como Montesinos, el SIN y el grupo Colina ¿Después? No hay quien los saque del poder. No olvidemos que el año 2000 Fujimori se reeligió con fraude y sólo el despecho de una secuaz de Montesinos lo obligó a irse vergonzosamente.
Otra vez, a ese pueblo sumido en la exclusión y desesperanza un candidato le ofrece solución con una asamblea constituyente ¿Para qué? ¿acaso no podría gobernar con las mismas reglas que sirvieron para elegirlo? Si en verdad tiene vocación democrática y genuino "amor por el Perú" ¿No sería mejor ahorrarle al país el desasosiego, la inestabilidad y el dinero que costarían una nueva constitución? ¿Qué oscuros objetivos tendrían planificados que para ellos no bastaría que el congreso a elegirse modifique la actual Constitución o la de 1979?
Ciertamente dudamos de la vocación democrática de Ollanta Humala. Antecedentes como la asonada de Locumba, el andahuaylazo, los terroristas que su padre desearía amnistiar, los homosexuales que su madre quisiera fusilar, la exacerbada intolerancia de sus huestes y cierto tufo militarista en su entorno; nos hacen pensar que su programa de gobierno está tejido con la soga del autoritarismo y el largo pabilo de la reelección permanente.
¿Que nuestra democracia es débil o poco eficaz? Sin duda, pero con todos sus defectos y carencias nos permite el ejercicio de la libertad, en cambio el autoritarismo utiliza la democracia y la libertad para llegar al poder, usa la libertad para gritar las taras y defectos de la democracia y mal usa el poder para recortar la libertad.
No olvidemos que para luchar contra la pobreza, la inequidad y la injusticia hace falta tener libertad y ella sólo se tiene en democracia. A falta de ésta se agravan las desigualdades sociales y se oculta y acrecienta la corrupción. Para que en un par de años no tengamos que arrepentirnos, antes de votar, exijamos vivir en democracia pues ejerciéndola, aprenderemos a usarla.
Por: Gerardo Cabrejo
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