
Usted tiene en casa un frondoso árbol en el que invierte el esfuerzo que significa abonarlo y regarlo. Algunas veces sentirá que este árbol obstaculiza sus movimientos y querrá cortarlo de raíz, sin embargo la sombra, el oxígeno y aire fresco que le brinda serán la razón para que a pesar de todo, usted decida conservarlo.
Algo así es el Congreso de la República. La preservación del estado de derecho, las leyes para organizar al país, aprobar el Presupuesto Nacional, fiscalizar, defender a los consumidores, proteger el medio ambiente, etc. Son la sombra y el oxígeno que el Poder Legislativo entrega a los ciudadanos a cambio de sus impuestos.
Ese árbol congresal tiene algunas ramas secas y otras podridas que precisan ser podadas, pero al mismo tiempo, al viejo y pesado árbol le han nacido algunas ramas jóvenes y florecientes que deben permanecer para darnos más oxígeno y mejores frutos legislativos.
Algunos tremendistas dicen que todo el árbol está podrido y proponen cortarlo para sembrar uno nuevo. Ello equivale a proponer un parlamento con 120 neófitos en materia legislativa cuya inexperiencia puede ser funesta, si nos atenemos por ejemplo a los inéditos congresistas que Perú Posible llevó al legislativo el 2001 y cuya escandalosa actuación puso en evidencia que precisamente grupos políticos tradicionales como el Apra, Unidad Nacional o Acción Popular tuvieron una actuación legislativa decorosa.
Esta percepción positiva la confirma la última encuesta de Apoyo en la que el Partido Aprista con 26%, alcanza las mayores adhesiones para su lista de congresistas, seguido de Unidad Nacional con 22%, UPP 15% y Frente de Centro (AP-Somos Perú) 9%.
Exceptuando a la lista de UPP, sin duda alguna estas cifras expresan cierto reconocimiento ciudadano a aquellas bancadas parlamentarias que por encima de sus defectos y apetencias, controlados por la indignación ciudadana -como fue la bonificación por desinstalación- han ejercido su función con responsabilidad.
Pero una cosa son las bancadas y otra la actuación personal de algunos congresistas que van a la reelección y es allí donde usted, al momento de elegir a quien entrega su voto, optará entre podar esas ramas viejas, secas e improductivas o dejar en el árbol a aquellas que siendo jóvenes y florecientes, pueden dar mejores frutos estableciendo con usted un vínculo más personal y directo.
Algunos tienen la percepción que los parlamentarios sólo hablan y no hacen nada. No se engañe, si usted elige a uno nuevo será igual pues no se debe olvidar que constitucionalmente los congresistas no tienen iniciativa de gasto, no hacen obras y sí tienen mucho que hablar, que discutir, que parlamentar, pues, son eso, parlamentarios.
Eso sí, si de reelegir se trata, busque en la lista de sus simpatías a quien usted sintió más cerca de sus requerimientos como ciudadano, de sus necesidades como consumidor, de sus propuestas como dirigente comunal o gremial, de sus reivindicaciones como agricultor o pescador y claro, acérquese a ese candidato y propóngale sus aspiraciones y necesidades como ciudadano, exíjale, demándele, contrólelo o supervíselo, pues ese es su derecho.
Es cierto que el Parlamento necesita renovarse, pero no cortemos todo el árbol, algunas ramas pueden quedar para que reverdezca ese Congreso que algunos neófitos parlamentarios convirtieron en vitrina de violaciones sexuales, proxenetismo e hijos negados. Su voto vale mucho, piénselo bien.
Por Gerardo Cabrejo
Publicado en el Diario CORREO de Piura el 02.03.06
Autor: Llullasunqu
Fecha: 03/03/2006 09:38.
Autor: Roque
Fecha: 03/03/2006 11:35.
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