
Las distintas agrupaciones políticas del país están en plena campaña electoral. Igual siempre estas campañas traen consigo nuevas promesas para generar empleo, innovaciones en la provisión de servicios de salud, educación y seguridad, mejor focalización del gasto social, honestidad y transparencia en la gestión pública y una serie de compromisos que durante cinco años y bajo distintos pretextos, los oferentes no podrán cumplir.
Sin embargo, el hueso más duro de roer para quienes aspiran conducir el país, será el descrédito y deslegitimación que padecen frente a la ciudadanía, la que sin exceptuar la honrosa conducta de muy escasos políticos; muestra su hartazgo frente al "figurettismo", la ambición desmedida, la pose convenida y el complejo de Adán que, en general, exhibe nuestra clase política.
Ocurre que el votante peruano, jamás ha encontrado el mínimo correlato entre la oferta electoral de los políticos, los logros que dicen conseguir en favor del pueblo y lo que en verdad, cada ciudadano percibe individualmente como beneficio personal y directo de la aplicación de ciertas políticas públicas que fueron prometidas durante la campaña electoral.
Resulta frustrante para cualquier esperanzado ciudadano que, una vez elegido presidente, alcalde o congresista aquel candidato que logró arrancarnos el voto favorable, sin mover un músculo del rostro, no sólo hará exactamente todo lo contrario a lo prometido; sino que además se sentirá agraviado si alguien lo fiscaliza; denunciará a su antecesor acusándole de lo mismo que ahora hace él; encontrará enrevesados artificios legales para justificar lo injustificable, incluyendo sus principescas prerrogativas que van desde proponer mamotretos legales, dilapidar como sueldo y gasto operativo lo que son nuestros impuestos, conseguirle empleo a la "querida", hasta culpar a la prensa de los desaguisados que él y únicamente él, ha cometido.
Siendo ésta la habitual conducta de nuestros políticos; es fácil deducir las razones de su descrédito, la devaluación de sus promesas y la minusvalía de sus palabras e inevitablemente, en el razonamiento sencillo de cada elector surgen con demoledora lógica el desánimo y la desesperanza convertidos en una suerte de hartazgo ciudadano por el que muchos no dudarían en pintarrajear paredes con aquel famoso denuesto que alguna mañana de hace muchos años apareció en las calles de Bogotá y que refiriéndose a los políticos colombianos decía: "que nos gobiernen las putas pues ya estamos cansados de que gobiernen sus hijos".
Tan dura referencia a los políticos quizá serviría para que alguno de ellos se retirara de la política pasando a vivir una suerte de exilio social o para que otros reflexionaran acerca de su habitual conducta, la que muchas veces resulta obscena frente a la pobreza o a la inocente ignorancia de millones de electores; otras tantas, deviene en ridícula y cantinflesca frente a lo que dictan el decoro y la razón.
Pero nada, ni lo uno ni lo otro; muchos candidatos creen que su ciclo en la vida política es equivalente al ciclo biológico del ser humano, se resisten al cambio y optan por repetir sus promesas incumplibles; los otros, poniéndose la careta de una juventud renovadora; harán también nuevas y deslumbrantes propuestas, pero igual de incumplibles.
A todos ellos, digámosles lo que en la reciente Cumbre de la Unión Africana, Kofi Annan, Secretario General de la ONU, dijo a los políticos de esa parte del mundo: "No necesitamos nuevas promesas, basta con cumplir las viejas"
Por: Gerardo Cabrejo
Publicado por el Diario CORREO de Piura el 11.07.05
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