
Lo vimos por televisión. Ante miles de personas congregadas en la plaza de Cajamarca para escuchar a Ollanta Humala, se produjo un hecho que para muchos pasó inadvertido pero grafica una de las muchas razones del divorcio entre quienes hacen política de forma convencional y los ciudadanos que han empezado a mirar con simpatía al comandante en retiro.
Es común que ante la masa congregada para escuchar al candidato, éste, haciendo gala de elocuente oratoria, buscará convencer a sus potenciales electores; no sólo para lograr su adhesión sino también para convertirlos, esencialmente, en eficientes propagadores de su propuesta.
En cualquier mitin de nuestra política tradicional, el líder debe hablar y la masa debe escuchar y vitorear; pero en Cajamarca, Ollanta Humala, en gesto no exento de histrionismo, soltó el micrófono y lo entregó a la masa para que diga su palabra y ponga su verdad en oídos del líder.
El gesto nos recordó a Juan Velasco Alvarado quien tras decretar la reforma agraria y durante una visita a la sierra central, una campesina pobre y descalza, queriendo expresar su agradecimiento por las reformas emprendidas, se arrodilló frente al entonces "hombre fuerte " quien reiteradamente le pedía levantarse y al no lograrlo, optó por arrodillarse frente a ella para hablar de igual a igual.
Ese debiera ser el verdadero sentido de la política; escuchar las demandas del pueblo, ponerse a su nivel o lo que se llama, meterse en su zapatos para comprender mejor sus necesidades y reivindicaciones.
Pero fuera del mensaje y gestos que muestran el trasnochado velasquismo de Humala, la gente supone que este candidato ejerce un liderazgo innovador que busca romper viejos esquemas e incluso, en el gesto de entregar el micrófono para que la masa se exprese; creen ver en ello una nueva forma de hacer política que, comparada con la que habitualmente vemos, resulta más efectiva si de lograr votos se trata.
Sin embargo, una cosa es la realidad y los hechos ciertos y otra cosa es la percepción que tienen los electores respecto de esos mismos hechos.
Aquí es donde Ollanta Humala empieza a construir todo un edificio de adhesiones ciudadanas en detrimento de los partidos que se debaten en luchas intestinas por una candidatura a congresista.
Por ello es que mientras Humala, con el gesto de Cajamarca y aún sin tener propuestas de gobierno, le da forma a lo que sería su pasaporte a la segunda vuelta; en la sede piurana del Partido Aprista, un congresista en ejercicio y un militante que perdió las cinco últimas elecciones internas; igual que siempre, agreden verbalmente a sus contrincantes e impugnan los resultados electorales cuando no les son favorables.
No importa que el Apra tenga plan de gobierno y trayectoria democrática; no interesa que tenga mártires de leyenda ni una historia llena de reivindicaciones en favor del pueblo. Les importa una curul y no lo que los ciudadanos perciben a partir de su desaforada grita.
No reparan acaso que el escándalo envenena aún más su relación con el pueblo, no se les ocurre meterse en los zapatos de los ciudadanos para darse cuenta que su actitud es percibida como angurria por el poder, daña sobremanera las posibilidades de su candidato presidencial y acrecienta el divorcio del pueblo para con los partidos políticos.
Es aquí donde Humala, con un gesto como el de Cajamarca, puede ganarles la elección. Ojalá aprendieran a meterse en los zapatos del pueblo.
POR: Gerardo Cabrejo
Se publicó en el Diario CORREO de Piura el 30.12.05
Autor: JOSE GALVEZ CARRILLO
Fecha: 17/02/2006 16:11.
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