
Sí, buscan un golpe… pero de suerte, pues ni ellos mismos saben cómo podrían llegar a ser presidentes; algunos tienen nombres que quizá usted nunca escuchó, no aparecen en encuestas y postulan como si jugaran a la Tinka.
Tras la inhabilitación de Fujimori por parte del JNE y la renuncia de Fernando Olivera, son 22 planchas presidenciales; número corto frente a los 36 partidos políticos inscritos, 12 de los cuales participan en alguna de las cuatro alianzas que aspiran al voto de 16 millones de peruanos hábiles para sufragar.
Desde 1871 cuando Manuel Pardo fundó el Partido Civil hasta el año 2000, fueron 117 los partidos que han competido en alguna contienda electoral de alcance nacional. El 2006 presentan candidaturas que equivalen al 30% de todos los partidos que han existido legalmente en 135 años.
Pero ¿usted se ha preguntado por las razones que originan esta feria de 23 candidaturas presidenciales y 2,880 congresales? ¿Será verdad que una indeclinable vocación de servicio por el país es el motor que anima a estos ciudadanos a formar un partido? Un partido político es aquella organización, que a partir de principios ideológicos comunes a sus miembros, se constituye con el objetivo de llegar el poder y para ello busca la adhesión del mayor número de personas ofreciéndoles un programa de gobierno y determinadas soluciones a los problemas de la sociedad y del estado.
Es evidente que los llamados partidos tradicionales como el Apra, Acción Popular, Partido Popular Cristiano y algunos de raigambre marxista no son un dechado de virtudes y muchas veces incurren en prácticas que no se condicen con elementales reglas del sistema democrático; de allí el rechazo que generan en gran parte del electorado. Pero, aún reconociendo sus carencias y sus dificultades, son mejores que aquellos partidos que basados en la fe, autoridad o caudillismo de una sola persona, se constituyen no para promover una ideología, convencernos de su doctrina o su plan de gobierno; sino mera y exclusivamente para negociar algunos retazos de poder que logran arrancharle a un sistema tan permisivo que permite su existencia, aún cuando sean sólo un membrete.
Aunque en honor a la verdad debamos decir que esto es apenas el premio consuelo o el nuevo boleto que le dan por haber acertado dos de los números premiados, esos números que acertaron Belmont, Fujimori, Toledo y ahora parecen hacerle guiños a Ollanta Humala. La verdadera tinka está en ser el outsider, ese candidato que subido en la ola de la indignación popular y como si hubiese sido tocado por una varita mágica, suma desaforadas adhesiones, pulveriza pronósticos, le hacen cola para dejar currículos; aunque ni siquiera balbucee un programa de acción mínimo respecto a lo que piensa hacer con este país y sus sufridos habitantes.
Este es el motivo por el que aparecen tantos partidos y candidatos sin ideología, doctrina ni principios programáticos. Es también la razón por la que no aparecen en las encuestas pues sólo hay un outsider y éste "les ganó el vivo". Los otros deben esperar a ver si arranchan un retazo de ese poder que ni el mismo outsider sabe cómo ejercerá.
Están fuera de combate y buscan pasar la barrera del 4% de votos para tener con que negociar en la segunda vuelta. Buscarán prebendas, ministerios y pequeñas canonías. Se presentaron creyendo que 16 millones de votantes no conformamos un padrón electoral sino un "electarado". Ellos juegan a la tinka electoral y los electores no somos tarados. ¿O sí?
Por: Gerardo Cabrejo
Publicado en el Diario CORREO de Piura el 19.01.06
Autor: manuel ramirez
Fecha: 11/02/2006 19:45.
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/