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Olivera: Razones de una pateadura nacional

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La trampa del "offside" que le aplicó Carlos Ferrero a Fernando Olivera no sólo dejo fuera de juego al beligerante líder del FIM; encarnó más bien un genuino sentimiento de rechazó ciudadano a quien, en ese agitado momento, era el portaestandarte de la componenda y el chantaje político.

Resulta difícil describir la dimensión del rechazo generado por la desacertada decisión presidencial. Las radioemisoras nacionales eran un solo de encuestas, comentarios y opiniones que sin cortapisa alguna, mostraban una suerte de ira popular, que de no haberse producido un retroceso en la decisión de designar canciller al cuestionado político limeño, hubiera derivado en consecuencias graves e insospechadas para la estabilidad del régimen.

Ciertamente, fue el peso de la opinión ciudadana y el papel jugado por los medios de comunicación los que impusieron un giro que puede traducirse en fuerte jalón de orejas al primer mandatario y una pateadura nacional a quien hoy se siente políticamente asesinado.

Pero, esa pateadura nacional tiene una explicación, pues razón alguna habrá para que en un hecho extraordinario, haya coincidido el mismo sentimiento entre ciudadanos de distinto origen y convicción política, algo pocas visto en un país tan fragmentado como el nuestro.

Olivera quiso ser presidente del Perú y en su intento por lograrlo no sólo acusó de inmoral a quien hasta hace muy poco fue su socio político, sino que además, públicamente se hizo un test de descarte de drogadicción y aunque no mostró los resultados, lo hizo para evidenciar que él no era drogadicto y el otro sí. Ello equivale a decir: para tener poder puedo aliarme o pactar con un inmoral y drogadicto.

Olivera, inmisericorde, ataca a sus competidores, en especial a uno de ellos y es su actuación política particularmente agresiva, sobre la que construyó una imagen de fiscalizador obsesivo llegando incluso a falsificar, como se comprobó luego, el famoso Informe Larc para justificar así su persecución contra el Partido Aprista y el ex presidente García.

Aún así, en su larga actuación no se recuerda que hubiera propuesto algo positivo en beneficio del país. Esto equivale a ser reactivo antes que proactivo. El político que se precie de serlo debe ser lo segundo, pues ello equivale a proponer soluciones antes que denunciar problemas.

Olivera viajó miles de kilómetros para mostrar en El Vaticano unas cartas falsificadas cuyo objeto era desacreditar a quien, por encima de sus defectos e intemperancias es el primado de la Iglesia Católica y representa para la mayoría de peruanos el símbolo de su fe. Ello equivale a una grave ruptura entre la acción política y el sentimiento popular; algo imperdonable en quien se cree o siente presidenciable.

Olivera enfadado por las pifias y denuestos de algunos opositores, hizo "pichula" ante las cámaras de TV; con la puerta de su vehículo agredió a una periodista que sólo quiso hacerle algunas preguntas y en el colmo de su prepotencia le dijo a otro "cállese la boca". Con ello hizo evidente su vulgaridad y su poco respeto por aquellos ciudadanos que hoy le pasan la factura.

Olivera y su indescriptible escudero oriundo de "Pachecolandia" reclaman para sí el mérito de la gobernabilidad como si la hubiera y le enrostran al Perú ser los gestores de cualquier logro, grande o pequeño. Reclaman condecoraciones y premios por los servicios prestados; cuando se supone que para el común de las gentes, los servicios que un político brinda a la nación son absolutamente desinteresados. Por lo menos, así dicen.

En suma, Olivera ha logrado concentrar en su sola persona todos aquellos defectos que el pueblo rechaza en los políticos y que se expresa en ese hartazgo frente al "figurettismo", la ambición desmedida por el poder, la pose convenida y ese horroroso complejo de pretender ser padre de todas las criaturas.

Sus colegas de los distintos partidos deben mirarse en ese espejo y entender de una buena vez que quien siembra vientos, puede cosechar la más grande pateadura nacional que se recuerde haya recibido un político como castigo a su desmesura, su arrogancia y su mendacidad.

Por: Gerardo Cabrejo

Publicado en el Diario CORREO de Piura el 17.08.05

10/02/2006 13:44. Autor: gerardo cabrejo. Tema: Politica.

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